Carta sincera a Mar del Plata

Querida Mardel,

Hace unos años que te habité. Aguanté en tus entrañas ocho largos e intensos meses.

Cuando digo ‘aguanté’, quiero decir literalmente eso, porque si hubiese tenido la fuerza suficiente en aquel entonces te hubiera abandonado sin pensarlo. Me lo pusiste muy difícil.

Hacía mucho tiempo que me soñaba viviendo en Argentina, enamorada de la cultura, la calidez de la gente y de sus paisajes.

Vine a Mar del Plata a tachar un deseo de la lista. Llegué con una sonrisa gigante en la cara. ¿Acaso no te llaman ‘la feliz’? No había forma de venir con otro billete en la mano que ese, el de la felicidad.

Aquí me casé con un marplatense, uno de los tuyos.  Sí ¡me casé! Hice lo que durante veintiseis años decreté que no haría. Rompí con el viejo mito de que lo mío no eran las cosas manuales y aprendí a hacer artesanías y masajes. Derrumbé mis propias barreras, estaba feliz contigo. Vine a soñar, a dibujar un mundo nuevo.

Pocas semanas después de mi llegada empezaste a traer malas noticias. Sin parar. No me diste tregua. Saqueos en la ciudad. Confusión. Un accidente de coche. La irrupción de extraños en casa a las 3 de la mañana. Soledad. Miedo. Una muerte violenta que nos dejó petrificados a todos… ¿Dónde estaba ‘la feliz’ aquellos meses?

¿Qué otra cosa podría hacer sino odiarte?

Me despedí de ti derrotada. Tuve que aguantarme algunos ojos juzgadores que decían ‘la europeita no se la banca’. Continué viaje triste. Triste por tener que anotar un fracaso en mi cuaderno de vida, o así lo entendí en aquel momento. Tantos años soñando con vivir en Argentina, y cuando emprendí camino para cumplir mi propósito, me salió mal. Fatal en realidad.

Hice un pacto interno en el que me juré no volver a vivir contigo nunca más. 

Pasaron años de sonrisas mentirosas cuando escuchaba de otras bocas ‘¡qué linda Mar del Plata!’. La verdad es que me pareciste sosa y sin alma. En el fondo de mi no había ningún agradecimiento a la vida que me ofreciste.

Hace unos días regresé para quedarme una temporada. Estoy pasando, una vez más, por encima de lo que dije que no haría, pisando mi orgullo hasta hacerlo cenizas. Quizá esta sea la única forma de hacerle daño al ego y bien al alma.

Pero si tengo que ser sincera te diré que me costó regresar. En las semanas previas a subirme al avión, encontré en mí mucha  resistencia ante la idea de volver a pasar por todo aquello. Lloré mucho. Tuve miedo.

A lo largo de estos años viajeros aprendí algo muy importante: dentro de todo miedo hay una pequeña semilla de valentía. Me aferré a esa idea y preparé la mochila. Porque creo en los cambios, en las segundas oportunidades.

Aquí me tienes de nuevo. Otro muro atravesado. Estoy donde no quería estar ¿y sabes qué? Estoy a gusto. Me siento cómoda contigo esta vez. No sólo deje mis miedos y reproches atrás, sino que vine a buscar tu encanto.

Esta vez estoy decidida a encontrar toda la belleza que reside en ti.

Tus rincones pintorescos, tus expresiones culturales y el canto del viento y del mar. Noches de cerveza artesanal, talleres de escritura, círculos de mujeres y masajes para dar y tomar.

Voy a exprimirte el jugo positivo y hermoso que tienes. Esta vez no me lo vas a negar. Me lo debes.

Quiero mucho Verde Mundo. Mucho mate mirando al mar (abrigada hasta las cejas, lo sé). Muchos alfajores de arroz. Y empanadas de La Negra Simona. Muchos paseos por la costa. Muchos conciertos. Mucho de todo lo que tú tienes, que te hace única e irrepetible.

Hace tiempo que dejé de preguntarme los porqués y empecé a fijarme en los para qué. Gracias a ti he aprendido que de las tormentas se extrae una gran sabiduría. Que todos los lugares en el mundo tienen esplendor. Que sólo hay que observalos con el prisma adecuado. Y que yo, todavía estoy aprendiendo a entender todo esto.

6 thoughts on “Carta sincera a Mar del Plata”

  1. Que gran relato! Una carta sincera de un sentimiento honesto. Hermoso Sam. Pronto si el Universo lo quiere estaremos ahí para tomar unas artesanales juntos y desvirtualizar. Tengo unas re ganas que llegue ese momento, es como si ya te conociera.

    Abrazo para los dos!

  2. ¿Entonces cuando te dijimos que amamos “Mardel” nos sonreíste por compromiso? ja ja ja. Conocemos la historia y entendemos tus palabras. Amamos Mardel porque es transparente, no es careta, se muestra como es: Demasiada fría en invierno, con mucha gente en verano, anticuada, desigual. No es perfecta pero le abre los brazos a quien llega. A veces es una segunda oportunidad, o una tercera. Esperamos que esta vez el encuentro sea mejor y te muestre su lado más amable. ¡Abrazos!

    1. Hola chicos!
      No me acuerdo que dije en aquel momento, pero sé que vosotros destacasteis algo muy lindo sobre la ciudad que no voy a olvidar: ‘la gente hace uso del espacio público a diferencia de Buenos Aires’. Desde entonces me fijo en ello y es algo que estoy apreciando (especialmente en la costa y los parques). Como digo al final del post, la experiencia está siendo muy diferente a la primera.
      Gracias por vuestro aporte!! Un abrazo grande y buenas rutas brasileiras!

  3. Hola!
    Me encantan las cartas, y esta en especial me ha llegado. Hay ciertos lugares que nos lastiman, nos transforman para mal, pero me parece genial que le hayas dado una segunda oportunidad a esta ciudad,que hayas vencido el miedo a volver y te estes amigando.
    Saludos, Cati

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