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Noreste Argentino: nuestro primer autoestop
Argentina

Noreste Argentino: nuestro primer autoestop

Este viaje fue impulsado por la necesidad de estar bien. Estábamos pasando momentos difíciles en Mar del Plata y decidimos partir hacia el noreste. Confiábamos en que la aventura nos renovaría. Viajar activa ciertas zonas del cerebro que se apagan con la rutina y fortalece el flujo de energía que ayuda a reencontrarnos con nuestro interior.

Nuestra idea original consistía en salir desde las afueras de Mar del Plata a dedo hacia el norte. Teníamos mucho tiempo y poco miedo, pero en seguida las opiniones sensacionalistas comenzaron a llegar a nuestros oídos los días antes de la partida. La mamá de Ariel, nos brindó desde su corazón de madre, unos billetes de autobús a Posadas. Después de veintitantas horas llegamos a destino y queriendo evitar las grandes ciudades nos movimos rápidamente hacia las afueras.

Llegamos a Candelaria, una pequeña ciudad con espíritu de pueblito manso donde empezamos poco a poco a respirar más relajados, a observar en detalle el paisaje, la gente y la tierra colorada. Preguntamos por el camping municipal del que nos habían hablado, pero la gente no sabía muy bien si continuaba abierto, y no estaban seguros de dónde podía haber otro. En lo que sí coincidía todo el mundo es en que debíamos acercarnos a la costanera, así que hicimos caso a los locales y tras varios quilómetros de camino llegamos a la orilla del Río Paraná. En su playita solitaria soltamos las mochilas y nos tumbamos al sol, y con una sonrisa más grande que nuestra cara nos convencimos de que el mundo conspiraría a nuestro favor.

Detrás de la playa había una edificación que alojaba un quiosco cerrado, unos baños públicos y un local de comida rápida al que nos acercamos a preguntar de nuevo por el camping. La camarera nos corroboró la inexistencia del mismo pero dijo que podíamos poner la carpa en la orilla de la playa sin problemas. Le preguntamos si el río era seguro para nadar y tras su afirmativa nos dimos un buen chapuzón y volvimos a por algo de comer. Ya con algo más de confianza, Cintia (la camarera), nos ofreció un lugar para colocar la tienda detrás de su local bajo el techo. Aseguraba que si comenzaba a llover, el agua entraría sí o sí en nuestra tienda. La lluvia del salvaje trópico llega sin delicadeza ni mesura.

Montamos nuestra casita nómada cerquita de los baños y enfrente de la playita fluvial. ¡Más perfecto no podría haber salido! Estaba claro que nuestra predicción se estaba convirtiendo en realidad, a veces solo hay que desear y el universo se encarga de lo demás.

Al día siguiente hizo uno de esos días tropicales: húmedo, caluroso, sofocante. Lo aprovechamos desde el amanecer haciendo caso del pronóstico del tiempo que amenazaba para el final del día. Tras unos ocho quilómetros llegamos al Parque Ecológico ‘El Puma’, un centro de rehabilitación para la fauna autóctona. Esta fue la primera vez que no juzgamos el encarcelamiento de los animalitos, ya que solo permanecerían en esas jaulas hasta que pudiesen volver a la selva. Volvimos a Candelaria y nos quedamos un día más resguardados de la lluvia más copiosa que habían visto estos ojos. No solo caía agua en cantidades ingentes sino que ¡el ritmo fue constante por más de veinticuatro horas! Nuestra tienda se habría convertido en un transporte fluvial si hubiésemos acampado en la playa.

Por la mañana reunimos el coraje suficiente para dejar el pueblito, con aquella lluvia que parecía no tener fin. Fue entonces, envalentonados con la dura travesía de varios quilómetros bajo la lluvia, cuando decidimos lanzarnos a hacer lo que muchas personas habían tildado de altamente inseguro: nuestro primer autostop.

El primer peligro se llamaba Juan y era de Córdoba. Conducía un camión de helados y nos ofreció probarlos mientras dejaba entrever en su sonrisa un diente de oro, ¿Quería drogarnos? Pronto nos empezamos a dar cuenta de sus perversas intenciones. Nos llevaría muy cerca de la frontera con Brasil, a un pueblito llamado San Vicente en el cual pasaríamos la noche dado que ya era media tarde y tardaríamos unas seis horas en llegar. Nos ofreció mates todo el camino, puso buena música y nos invitó a helado de nuevo. Hablamos de la vida, nos contó cuánto sentía estar lejos de su familia y disfrutamos de las mejores panorámicas de la provincia de Iguazú. Cuando arribamos a destino se aseguró de que llegásemos a nuestra pensión sin sobresaltos y nos deseó un buen viaje. Definitivamente, acabábamos de desautorizar a toda la gente que nos había asustado con la idea de compartir trayecto con un desconocido. Entramos en la posada con plena oscuridad, no sabíamos por dónde acceder a la recepción hasta que encontramos una puerta lateral y subimos las escaleras desconcertados. De repente una oímos una voz, y una mano se asomó por una ventana de vidrios polarizados, agarró los 100 pesos y sin más nos dio la llave de la habitación 8. Sin duda esta podría ser una buena forma de empezar una película.

Al día siguiente volvimos a la ruta y viajamos en la caja de una camioneta hasta San Pedro. Ahí nos subimos en un autobús repleto de gente (de esos que van parando en cada aldea) y atravesamos esta zona rural tropical hasta la ciudad de Bernardo de Irigoyen. Cruzamos la frontera con la idea de llegar a Laranjeiras do Sul, donde nos esperaba mi tocaya Samantha, la prima de Ariel.

Tras unos días maravillosos en Brasil (en concreto en el Paraná profundo), emprendimos el regreso por un camino y país diferente: Paraguay. Viajamos desde Ciudad del Este hasta Asunción, dónde nos detuvimos a probar los famosos chipás.  Continuamos hasta la frontera con Clorinda dónde estuvimos parados más de tres horas por los exhaustivos controles policiales. En Bernardo Irigoyen podríamos haber pasado sin enseñar el pasaporte si lo hubiésemos deseado, y en cambio, en la frontera del mismo país con Paraguay todos los controles parecían ser pocos para evitar la entrada de las drogas que demanda Argentina.

Llegamos a la ciudad Formosa bien entrada la noche. Si bien es una capital de provincia con poca belleza a la vista, es altamente interesante en cuanto a la arquitectura de la sociedad. Recientemente hemos visto ciertos episodios en esta provincia de violencia institucional contra los pueblos sus originarios. El Gobernador de Formosa, Gildo Insfrán lleva en el frente político desde el año 1995, y parece no estar dispuesto a marcharse. Cuenta con el apoyo de la Presidencia de la Nación y esto le otorga una cierta ventaja frente a otros candidatos. Visitamos el museo Histórico y Cultural y La Casa de la Artesanía, donde se expone el arte de los Qom, Wichis y Pilagás. En este último centro aprovechamos para charlar con uno de los organizadores y lamentablemente el discurso era muy parecido a lo que nos suponíamos. Argumentaba con el afán de convencernos sobre la vagancia y la falta de capacidades natas de los indígenas de la zona. Nos decía que si los blancos no tomaban las riendas, ni siquiera estaban capacitados para dar salida económica a las artesanías. Nos dio la impresión de que La Casa de la Artesanía era una simple limpieza de imagen que el Gobierno de la Provincia quería proyectar hacia la opinión pública, ya que el respeto y la igualdad entre etnias brillaba por su ausencia.

El día anterior habíamos conocido un correntino llamado Alfredo que nos ofreció llevarnos hasta su ciudad natal, así que lo esperamos hasta que terminó su trabajo. El viaje de dos horas pareció durar poco más de media debido a las conversaciones amenas que surgían de una forma muy natural. El clima y el paisaje acompañaban en la creación de la postal mental que guardaríamos de ese día. Alfredo es una de esas personas que aunque solo compartes unas horas en tu vida te queda en el recuerdo para siempre. La bondad y el sentido del humor brotaban por sus poros mientras nos explicaba sus viajes en familia dejando entrever lo mucho que la amaba. Nos llevó a conocer la costanera de Corrientes y nos dio toda la información que necesitábamos para llegar a Mercedes, el pueblo de salida hacía los Esteros del Iberá.

La salida del pueblo de Mercedes volvió a ser a dedo. A estas alturas los miedos se habían evaporado por completo y lo único que estaba en nuestra mente era la expectativa de conocer al próximo individuo que se pararía al vernos en el arcén. En esta ocasión nos tocó viajar con un chico que cargaba terneros. Nos dejó en una gasolinera y en seguida nos subimos en otro camión que transportaba nada menos que varias toneladas de cáscara de arroz. Fue gracias a la recomendación de este último conductor que llegamos a Chajarí, una ciudad de Entre Ríos famosa por su complejo termal. Fue una delicia terminar el periplo a remojo, ¡esto sí que es ponerle el broche de oro a un viaje! Con la energía renovada sólo nos quedaba disfrutar de nuestras últimas semanas en Mar del Plata y prepararnos para cruzar el Atlántico el 22 de Mayo.

 

Escrito por Endondesea

1 comentario

  • Samantha septiembre 30, 2014 at 00:03

    Chicos, es genial este relato de vuestras experiencias! Nos encantó formar parte. Y que ustedes formaran parte de nuestra vida, con el regalo de adornarla presencialmente durante la breve estadía en casa. Vuelvan pronto!!! Sami y Ju.

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    • Hace dos días que no cabemos dentro del cuerpo de felicidad.
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Hace dos días que decidimos darle hogar a esta hermosa gatita abandonada hasta que podamos encontrar su familia definitiva. ••
Hace dos días que hay una dosis extra de amor yendo y viniendo.
    • Hace un par de meses que llegamos a #Irlanda y nuestra vida está cambiando a pasos acelerados. La música se está convirtiendo en uno de los componentes más importantes de nuestros días, especialmente en los de Ariel. Esta cara de felicidad lo dice todo. #music #lifeismusic #purelove #rutinas
    • ** Cuando te unes en una session y alguien más haciendo arte detrás de ti. Qué regalo vivir en #Irlanda.**
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    • **De nuevo escuchando las bellas #sessions en los #pubs de #Irlanda. Explosión de #alegría.**
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    • **La #bluelagoon es uno de esos lugares que son más deslumbrantes en vivo que en las mejores #fotografías. #Islandia es un #sueño! Me siento maravillosamente agradecida por haber podido verla, vivirla, sentirla.**
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    • **Dejamos atrás #Copenhague, la bella capital danesa que trata de salirse de los moldes de la perfecta democracia, del perfecto orden. Nos gustó, no nos enamoró y jamás la eligiriamos para #vivir.**
    • **Paseando por #christiania, el lugar más curioso de la ciudad de #Copenhague. Se trata de una vieja base militar que fue #ocupada en los #setenta para construir un espacio #libre del control del #estado.**
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